16 diciembre 2013

Una mujer pierde 50 kilos para ingresar al ejército

        
"¿Pesa usted más de 72 kilos?”, le preguntó la voz al otro lado del teléfono a Karyna Douglas.
"Sí, así es", respondió.Y eso fue todo. La llamada de Douglas al centro local de reclutamiento de la Marina duró menos de cinco minutos.
"Me sentí fatal", recuerda. "Pensé que quizá podría cambiarlo. No me había dado cuenta de lo grande que estaba en realidad".
Fue durante un viaje de avistamiento de ballenas para celebrar que estaba cumpliendo 22 años cuando Douglas comenzó a darle vueltas a la idea de unirse a las fuerzas armadas. Ella notó que sus compañeros de viaje en el barco realmente admiraban a los guardacostas que patrullaban cerca de allí.
En ese momento, Douglas tenía un empleo de medio tiempo en Portland, Oregón. No había logrado conseguir préstamos estudiantiles a modo de volver a la escuela, y estaba teniendo serios problemas con su familia. Para lidiar con eso, se volvió a la comida; compraba comida rápida durante el día y se atiborraba de dulces cuando llegaba a casa en la noche.
El chocolate era la droga de su elección. Algunas veces lo combinaba con un poco de helado.
"Me estaba dando cuenta de que las personas que pensabas estarían allí para ti, no lo estaban en absoluto", dice. "Me sentí atrapada".
La joven de 22 años de 1,70 metros de altura pesaba 136 kilos.
Después de la dolorosa llamada telefónica, Douglas empezó a correr todas las noches alrededor de su vecindario. Unos meses después, fue al centro de reclutamiento de la Marina en persona. Cuando estaba a punto de entrar, un reclutador del ejército la llamó desde una oficina cercana. Era la primera vez que Douglas veía a un soldado de cerca.
"Sólo me quedé viéndolo fijamente", dice con una sonrisa, cuando el soldado le habló acerca del programa de ejercicios matutinos del ejército para los posibles reclutas.
Llevó a un amigo a la primera sesión de entrenamiento. Al inicio, corrieron unas cuantas vueltas, y luego pasaron a hacer lagartijas. Douglas se fue poco después del calentamiento.
"No parece mucho ahora, pero en ese momento, Dios mío, me hizo vomitar", dice. Los amigos fueron por una malteada para sentirse mejor.
Pasaron dos semanas antes de que Douglas se armara de valor para regresar. Nadie del ejército la llamó. Su amigo no le insistió. "Sólo pensé, si realmente lo quiero, tengo que intentarlo".
Se ejercitó con el grupo todos los días esa semana, de lunes a jueves. Fue difícil, pero se dio cuenta de que podía hacerlo.
Douglas empezá a despertarse a las 4 a.m. todos los dias para tomar un bus e ir a la sesión de ejercicios del grupo por la mañana. Corren de 2,5 a 4 millas (4 a 6 kilómetros), y luego, ella va al gimnasio antes de ir a trabajar. Los martes y jueves toma el bus de vuelta en la tarde para asistir a un sesión de ejercicios de saltos de tijera, ejercicios de escalada y lagartijas.
También ha cambiado su dieta, al eliminar la comida rápida, alimentos fritos y sodas, así como al limitar el consumo de dulces. Cada semana prueba una nueva dieta para mantener el interés; una semana evita los carbohidratos; otra semana deja de comer carne.
Un año y tres meses después, Douglas ha bajado 50 kilos. Fue juramentada para ser parte del ejército el 12 de diciembre.
"Me enamoré de su mundo", le dijo a KPTV, "Me enamoré de los lazos que formé con estas personas. Me enamoré de lo que representan".
No siempre fue fácil. Hubo días cuando quería llamar al Sargento Cody Baker, el próximo soldado líder, y renunciar. "Pasaba meses sin bajar de peso. Era tan frustrante", dice. "Recuerdo... simplemente decir, 'Yo no puedo hacer esto. Nunca voy a adelgazar lo suficiente'".
Pero Baker nunca dejó de creer en ella. Tampoco lo hicieron sus amigos y compañeros, quienes la animaron a seguir adelante.
Hoy en día, Douglas es "literalmente una cartelera andante del ejército". Su ropa, su habitación y sus accesorios hablan de su nueva familia. Está ansiosa por empezar el entrenamiento básico, y planea bajar otros 10 kilos. ¿Cuál es su consejo para otras personas que quieren bajar de peso? Miéntete a ti mismo.
"Te gusta esta sensación. Te encanta estar cansado. Amas estar adolorido. Porque al final, lo harás".
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