24 noviembre 2013

El amor científicamente hablando

         
Numerosos investigadores en todo el mundo toman pruebas de la sangre, miden el pulso y comparan el comportamiento de las personas, con el objetivo de explicar qué es el amor desde el punto de vista científico. Hemos recogido algunas hipótesis comprobadas sobre el mecanismo de este sentimiento tan complicado.
"El amor es como la cocaína"
El comienzo del enamoramiento tiene casi el mismo efecto en el organismo humano que una dosis de cocaína. La tomografía cerebral de un enamorado revela que la zona que responde a la motivación está saturada de dopamina, una sustancia que aparece en la sangre al sentir sensaciones agradables como al practicar el sexo, comer chocolate o que aparece al consumir drogas.
"El amor es un método para sobrevivir"
En su libro 'Viaje al amor' Eduardo Punset, el destacado divulgador de la ciencia en España, afirma que a pesar de que el amor se considera un acto de generosidad, en realidad es una contraprestación de servicios para poder sobrevivir. Según el experto, el amor es un “instinto evolutivo de fusión con otro organismo”, que apareció en el mundo vivo antes aún de la diferenciación sexual. “Sin amor no hay vida”, afirma.
"El amor aparece en un instante"
Los científicos afirman que, para enamorarse, uno tarda solamente una quinta parte de un segundo. En este momento, doce zonas del cerebro liberan sustancias conjuntamente -tales como la noradrenalina, la dopamina, la oxitócica, la vasopresina-, que generan ese estado tan agradable. Estas hormonas nos hacen perder la cabeza, y además, como todo sucede en un instante, nos dejan sin tiempo para pensar en lo que hacemos o sentimos.
"El amor dura 4 años"
El amor debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, porque el enamoramiento activa sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado, afirmó en un comunicado Georgina Montemayor Flores, de la Facultad de Medicina de la UNAM, la mayor universidad de Latinoamérica. Montemayor, que dirige un grupo de investigación sobre el tema, explicó que cuando un individuo se enamora "se accionan las zonas que controlan emociones, como el tálamo, la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el giro singulado y las partes del sistema límbico". Este estado físico químico también acaba, aseguró la especialista. "Suele durar un máximo de cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica, y solo pervive el apego o la compañía hacia una persona", afirmó. En la medida en que piensa recurrentemente en la misma persona, la condición sicológica del enamorado puede ser comparable "con un estado obsesivo compulsivo", sostuvo. Ello lleva a Montemayor a concluir categóricamente que "solo se puede estar enamorado de una persona a la vez", al contrario del apego o del deseo sexual.
"Los hombres son más adictos al sexo que las mujeres"
La famosa psiquiatra estadounidense Louann Brizendine afirma en su libro 'El cerebro masculino' que los hombres piensan más en sexo que las mujeres. Según la experta, el área del cerebro masculino dedicada a la búsqueda sexual es 2,5 veces más grande que el de ellas. Entonces, ellos tienen más fantasías sexuales y en general piensan en este tema tres veces más que las féminas.
“No se puede vivir sin amor”
Es sabido que, a medida que crecemos, la ateroesclerosis –que puede producir infartos de miocardio o accidentes cerebrovasculares (ACV)–, aumenta. “Lo interesante es relacionar su progresión con la condición de pareja”, comienza Daniel López Rosetti, que es docente de psicofisiología, una rama de la medicina que estudia los fundamentos biológicos de las conductas emocionales.
“Una investigación publicada en el Journal of Psychosomatic Medicine (confirmada posteriormente) mostró que los hombres casados desarrollaban menor nivel de ateroesclerosis que los solteros. Así interpretaron que la tranquilidad y la estabilidad emocional disminuían el nivel de estrés y generaban menor formación de ateroesclerosis”, explica.
¿Qué ocurre con las mujeres? “Se comprobó que quienes desarrollaban menor nivel de ateroesclerosis eran quienes manifestaban vivir una relación de pareja feliz. Así, se interpretó que en los hombres importa más el status (‘estar casado’), mientras que en las mujeres es central que sea un vínculo satisfactorio”.
Otro estudio realizado entre más de 500.000 parejas formadas por mayores de 65 años mostró cuánto daña la salud la viudez: el riesgo de muerte aumentó hasta un 21% en los hombres que enviudaron y hasta el 17% en las mujeres. 
"El amor es ciego (pero oye bien)"
La noradrenalina y la dopamina funcionan en aquellas zonas de la corteza cerebral asociadas con el análisis de la información recibida del exterior, en particular, la información visual y auditiva. Mientras que la última intensifica el oído de los enamorados, la primera distorsiona la percepción visual. Los experimentos también se comprobaron en el sentido figurado de este dicho: los británicos A. Bartels y S. Zeki demostraron que las áreas asociadas a las emociones negativas tienden a reducirse en los enamorados, y se activan centros del placer, haciendo olvidar todo lo negativo.

“La pasión no es amor”
“Una cosa es la pasión erótica y otra muy distinta es el amor pasional. La primera se refiere al intenso erotismo sexual, por lo que serán dichosas aquellas parejas que logren mantenerla a lo largo de los años”, distingue el psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat.
“Sin embargo, el amor pasional incluye la idealización y la dependencia, de modo tal que la autoestima depende absolutamente del vínculo. De este modo, cualquier sombra o amenaza de pérdida es suficiente para derrumbar la ilusión y generar esos gritos desesperados del estilo ‘no me dejes, te lo ruego’. Es una dependencia maligna. Claro que no es amor, sólo parece”.
Pero la pasión ¿no tenía buena prensa? “Pasión deriva de padecer. ‘La pasión del hincha’ es aguante y sufrimiento, ‘la pasión de Cristo’ es dolor”, ejemplifica Horvat. 
“Está loco de amor”
Si bien el investigador Arthur Aron, de la Universidad de Nueva York, sostiene que el enamoramiento puede durar hasta cuatro años, el reconocido psiquiatra Hagop Akiska asegura que “estar enamorado más de seis meses puede ser patológico”.
Resulta que Akiska estudió personas enamoradas y encontró que sus niveles de serotonina (un neurotransmisor del sistema nervioso) eran similares a los de los pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo. 
“Los celos fortalecen la relación”
La frase ‘si hay celos es porque hay amor’, es una falacia. Quien cree que ‘un poco de celos está bien’ porque demuestra interés, evidentemente no está recibiendo otras muestras de interés”, dice Luis Buero, autor del libro “Los celos en los vínculos cotidianos”.
Cuando los celos se vuelven repetitivos y la comedia se transforma en tragedia, aparecen los celos patológicos: “Son un síntoma que tiene dos caras: una de sentido, por ejemplo, los de la persona que de chica vivió el abandono de alguno de sus padres y ahora carga con esa marca como mochila identificatoria. La otra cara es la satisfacción pulsional del síntoma: el goce mortífero que deviene en sostener ese terror a la pérdida y, a la vez, ese vínculo donde el deseo y lo placentero se vuelven insatisfechos o imposibles. Los celos patológicos son autodestructivos, destructivos del otro y del vínculo. A la vez son una demanda de amor netamente infantil”, describe Buero. 
“Amar es no pedir nada a cambio”
Existen más de 40 estudios que muestran que dar o hacer bien a los demás contribuyen a la felicidad, la salud e incluso a la longevidad.
“Hay una forma de amor, que no está basada en una evaluación de las cualidades del amado, no se ve limitada por la reciprocidad y tampoco se vuelca hacia el resentimiento al ser rechazado”, contestó el estadounidense Stephen Post, profesor de Medicina Preventina y autor del libro “Los beneficios escondidos de ayudar”.
Y lo describe: “Se trata de la forma más pura de dar. Este es el amor libre de la ley de la reciprocidad, del apetito. Es un amor que considera que la alegría y la seguridad del amado son tan significativas como las propias (o incluso más) y, por ende, no necesita poseer, aferrarse o dominar. Este es el amor que suele existir entre grandes amigos, el que sienten los padres por sus hijos, el que vemos en los matrimonios exitosos”.
Este amor involucra a la hormona oxitocina, afecta a una parte del cerebro (circuito mesolímbico) y nos permite sentir alegría. “Por eso, tiende a estar asociada más con la tranquilidad y la confianza que con la pasión y lo salvaje”.
En 2008, una universidad de California estudió que cuando el cerebro segrega oxitocina, conocida también por tener un papel decisivo en el orgasmo, la generosidad aumenta hasta en un 80%. 
"La fidelidad depende de los genes"
Los investigadores de la Universidad de Binghamton, EE. UU., revelaron que una mutación en un cierto gen está asociada a la promiscuidad, la infidelidad y las aventuras de una noche. Este gen está vinculado con un receptor de dopamina, la hormona del placer. Sin embargo, científicos advierten que no todos los que tienen este genotipo están inclinados a la infidelidad, y el estudio de ningún modo puede exculpar a los pecadores.
“Un gran amor nunca se olvida”
El prestigioso neurobiólogo Antoine Bechara detectó un “conflicto cerebral”: aunque la relación haya terminado años atrás, el cerebro sigue disparando imágenes y reacciones corporales, como palpitaciones o dolor de estómago al ver la foto de aquella persona o al sentir un olor que la evoque.
La explicación es que una parte del cerebro llamada amígdala (el centro de la memoria emocional) fija con más intensidad las situaciones atípicas y desconocidas.
Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese gran afecto, más reacciones –contra las que no podemos luchar–, va a seguir enviando. 
“Primavera, el mes del amor”
Lo que la ciencia sabe es que el aumento de la temperatura, los días más largos y, la exposición a la luz solar aumentan los estímulos –especialmente los que entran por los ojos y por la nariz–, influyen en el erotismo y, previo paso por el Sistema Nervioso Central, provocarían una mayor predisposición a la erección y el deseo.

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