19 junio 2012

¿Por qué tenemos cosquillas y nos reímos cuando nos las hacen?

¿Que son las Cosquillas?
Las cosquillas son reacciones nerviosas que tenemos en diversas partes de nuestro cuerpo ante toques de una persona u objeto exterior a este. Estas producen risa y pueden ser placenteras en un principio pero molestas después de un largo período.
Pueden ser utilizadas como manera de coqueteo, como fetiche, o como tortura. En el caso de los animales se utiliza muchas veces para jugar con las crías y para crear vínculos más cercanos entre la familia.
Se suelen utilizar como forma de coqueteo en la etapa adolescente.
En algunas personas puede ser un fetiche, que puede tener diferentes variaciones. Las cosquillas estimulan el deseo sexual y en algunas personas este estímulo es más agudo que en otras. La psicóloga Christine Harris, de la Universidad de California, determinó experimentalmente que las axilas son las partes del cuerpo más sensibles a las cosquillas, seguidas por la cintura, el cuello, las costillas, los pies y las rodillas, en orden decreciente. A su vez, en una investigación Harris y Christenfeld resolvieron que la risa por cosquillas no refleja el mismo estado mental que la risa producida por la comedia y el humor.
Se han estudiado varios posibles orígenes a las cosquillas, no necesariamente excluyentes y que puede ser mejor considerarlos como complementarios; las cosquillas no son un comportamiento exclusivo del hombre, se presentan en diversos animales y son bastante comunes en los mamíferos, de lo cual cabría esperar que su origen es anterior al del hombre, y las peculiaridades en el mismo no se deberían al origen del mecanismo, sino a adaptaciones posteriores. Se puede dividir a las cosquillas en débiles y fuertes, las últimas de momento solo observados en los primates. El origen de las cosquillas puede deberse a su operación como un mecanismo que afianza los vínculos familiares, sociales, y su función como un estímulo sexual, aunque esta última función se ha relegado en los tiempos contemporáneos a un papel más discreto de una connotación sensual y no directamente sexual.
Últimamente las personas se han aprovechado de esta sensación del cuerpo y han hecho compañías y videos que se dedican a conseguir hombres y mujeres jóvenes y pagarles mucho dinero para grabarlos mientras les hacen cosquillas en todo su cuerpo, pero las leyes no toman esto como pedofilia puesto que ellos acceden a ser cosquilleados.
Las cosquillas también pueden estrechar la relación padre - hijo, puesto que los niños son los que más les gustan cosquillas.
¿Cuál es la justificación evolutiva de las cosquillas?
La risa como respuesta a las cosquillas ya se produce en los primeros meses de vida.
Las cosquillas que se llevan a cabo entre niños también podría ser una fortalecimiento del mecanismos de defensas. En 1984, el psiquiatra Donald Black, de la Universidad de Iowa, advirtió que muchas partes del cuerpo propensas a las cosquillas, como el cuello o las costillas, son también más vulnerables en el combate. Dedujo así que los niños aprenden de esta manera a proteger esas partes durante los juegos con cosquillas.
En las cosquillas también podría estar el origen de la misma risa humana. La risa, en realidad, responde a las relaciones sociales. La risa es una forma de decir al otro: te entiendo, estamos en sintonía. Por eso reímos con más frecuencia cuando hay gente alrededor y los demás ríen y no cuando estamos solos. (Por eso las risas enlatadas funcionan en las comedias de la tele).
Reímos fundamentalmente porque la risa es una especie de lubricante emocional que une a los padres con sus hijos durante los años más vulnerables del desarrollo. Los padres conectan más rápidamente con sus hijos cuando éstos se ríen. Y los hijos reirán con una frecuencia mucho mayor que cualquier adulto. El juego de hacer cosquillas al bebé, por ejemplo, es una constante en todas las culturas. Y el niño puede reír, incluso, ante la perspectiva de cosquillas.
En los pies también tenemos muchas cosquillas, sin embargo, el pie derecho siente más cosquillas que el pie izquierdo, en la mayoría de casos, tal y como constataron en los años 1980 científicos italianos. En 1998, dos investigadores de la Universidad de Stirling repitieron el experimento usando un dispositivo que garantizara un estímulo constante: se pegaba en la planta del pie con una varilla de nylon en tres ocasiones a intervalos de un segundo.
Uno de los experimentos más extraño a propósito de las cosquillas fue el llevado a cabo por Clarence Leuba, un profesor de psicología de la universidad de Ohio, que decidió hacer cosquillas a mansalva por allá 1930. La intención era comprobar que la risa no era algo innato y que las personas aprendían a reirse por necesidad, cuando se les hacía cosquillas.
Leuba probó a hacer cosquillas a su propio hijo, obligando al resto de la familia a permanecer serios. Pero el experimento se le frustró cuando descubrió a su esposa jugando con el niño, haciéndole cosquillas, y riendo.
Leuba no se rindió y volvió a probar con su hermana.
En definitiva, un jadeo rápido puntuado por oclusiones glóticas, ja-ja-ja, la risa, nos hace sentir bien. La risa, incluso, se enlata y se reproduce una y otra vez para dar empaque a las comedias de la televisión: la primera vez fue en 1950 acompañando a The Hank McCune Show. La risa es omnipresente y tiene un gran poder, además de ser contagiosa, pero ignoramos todavía mucho sobre sus fundamentos neurológicos.

¿Por qué un@ no se puede hacer cosquillas a sí mism@?
La respuesta está en la parte posterior del cerebro, en un área llamada cerebelo, que es la encargada de monitorear los movimientos que hacemos. El cerebelo puede predecir las sensaciones de alguien cuando esa misma persona realiza los movimientos que la causan, pero no puede hacerlo cuando otros lo hacen.
Cuando uno trata de hacerse cosquillas a si mismo, el cerebelo predice la sensación y entonces se cancela la respuesta del cerebro a la cosquilla.
Fuente

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