22 noviembre 2011

Una mujer es condenada a 12 años de prisión tras ser violada en Afganistán

Una mujer en Afganistán recibió una condena de 12 años en prisión después de ser violada.
El castigo es aplicado porque según las leyes afganas la violación es considerada adulterio, y ahora, deberá casarse con el agresor si quiere ser "perdonada".
Incluso dos años después del ataque, la joven de nombre Gulnaz recuerda el olor y el estado de la ropa del violador después que este entrará en su casa luego que su madre saliera a una breve visita al hospital.  El violador es esposo de su prima.
Ser mujer en Afganistán
En Afganistán las mujeres no conocen el significado de la palabra "derechos humanos" otro ejemplo es el de esta niña:
“Cuando cumpla mi condena tendré que casarme con uno de los dos chicos que abusaron sexualmente de mí. No es una decisión agradable pero no tengo otra opción. No sé cuál será mi futuro”, afirma Nefise, mientras se la escapa una tímida sonrisa de resignación por la comisura de los labios.
Sus grandes ojos marrones ocultan una enorme pena. Echa de menos a sus padres y quisiera poder escapar de estos muros que se han convertido en su cárcel. Este frágil e indefenso ruiseñor ya sabe que la vida no le regalará nada. Ha nacido en Afganistán, un país hostil para las mujeres… Quizás, demasiado hostil. Un precioso velo anaranjado, con detalles rojos, enmarca su rostro angelical. Ha aprendido a resignarse… a pesar de su corta edad.
Esta niña de quince años y mirada perdida permanece hacinada en el Centro de Rehabilitación Juvenil de la provincia norteña de Herat. Entre estos muros tendrá que cumplir una condena de un año de internamiento… Y puede sentirse afortunada; algunas de sus compañeras tendrán que cumplir condenas superiores a dos años, debido a delitos tan graves como huir de casa o escaparse de maridos maltratadores.
Nefise recibe a Tiempo en la modesta habitación que comparte con otras seis compañeras de penitencia. “Estaba en el bazar de la ciudad y dos chicos me metieron en un coche. Me encerraron en una habitación y me violaron durante toda la noche. Por la mañana me dejaron marchar. Cuando llegué a mi casa conté la historia a mis padres y fuimos a denunciarlos ante la policía. Conté mi versión de los hechos al juez pero no me creyó. Me acusó de haber cometido un delito sexual y me condenó a un año de cárcel…”, la niña hace un receso en su relato. “Lo peor es que estoy embarazada y tendré que casarme con uno de los dos chicos que me violó”, sentencia avergonzada.
Esta es la realidad a la que se enfrentan, cada día, miles de mujeres y niñas en Afganistán. Un país donde ser mujer es una condena a una vida de violaciones, penurias, sufrimiento y malos tratos. En un reciente informe publicado por la Fundación Thomson Reuters se calificaba al país centro asiático como el más peligroso del mundo para las mujeres. “Las prácticas culturales hacen de Afganistán un país muy peligroso para las mujeres”, explica la presidenta de la ONG Women Change Makers, Antonella Notari, que ha contribuido al estudio.
Durante el nefasto periodo en el que los talibanes gobernaron con puño de hierro Afganistán (1996 – 2001) el papel de la mujer quedó supeditado a un segundo plano dentro de la sociedad afgana. Se las prohibió trabajar, acudir a la escuela o salir de casa sin la compañía de un varón de su familia. Cuando en octubre de 2001 Estados Unidos decidió intervenir militarmente en Afganistán esgrimió, como una de las razones principales, salvar a las mujeres afganas del trato vejatorio al que los talibán las tenían sometidas. Casi una década después, las mujeres afganas siguen sin importarle a nadie. Es cierto que en la época talibán la situación era extrema. Las mujeres eran un cero a la izquierda. No valían nada y estaban sometidas a la voluntad del hombre… Ahora hay mujeres que tienen vida pública, mujeres que trabajan en el Parlamento de Afganistán. Se han creado un montón de asociaciones de mujeres; algo impensable en la época talibán. Las niñas pueden acceder a una educación de la que los talibán las habían privado por el mero hecho de ser mujeres; las mujeres han vuelto a recuperar sus trabajos, como maestras, enfermeras, doctoras, etc.… Se ha hecho mucho por mejorar las condiciones de la mujer en Afganistán pero no es suficiente. En muchos puntos del país la mujer es sólo un mero objeto que se tiene guardado en casa. Las mujeres que intentan quejarse o realizan papeles públicos normalmente asumidos por hombres, como periodistas o policías, “son con frecuencia intimidadas o asesinadas”.
Afganistán se sitúa en la peor posición en las categorías de salud, violencia no sexual y falta de acceso a recursos económicos. Los expertos mencionan la elevada tasa de mortalidad en el parto, el limitado acceso a los médicos y una casi total falta de derechos económicos. UNICEF afirma que una de cada once mujeres afganas muere en el momento de dar a luz.
Esta es la realidad de la mujer afgana. Una vida de condena y de penurias. Una vida que no le importa a nada ni a nadie. Diez años después de la caída de los talibanes… Siguen viviendo en un mundo de sombras y fantasmas.
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