01 agosto 2011

¿No quieres engordar? Pues debes comer más lento.

Explican porqué comer rápido engorda más que comer despacio.
Según un estudio reciente realizado por científicos de la Universidad de Atenas, comer rápido, en comparación con hacerlo lentamente, reduce en el intestino la segregación de unas hormonas que provocan la sensación de estar “lleno”. La reducción de la segregación de dichas hormonas induciría, por tanto, a comer en exceso.
Esta investigación aporta una posible explicación a algo que ya se sabía: que existe una relación entre comer rápido y la obesidad o el sobrepeso, señalan los científicos.

La sensación de saciedad tarda un tiempo hasta que el cerebro la envía al estómago para dejar de comer. Si comemos rápido, no damos tiempo a que llegue esa señal y seguiremos comiendo. Por eso, comer rápido engorda.
La sensación de saciedad hace que no comamos en exceso. Cuando llega al estómago nos sentimos saciados y dejamos de comer. El problema es que tarda en llegar, de forma que si comemos muy rápido es probable que comamos en exceso y engordemos. Y además puede sentarnos mal, pues podemos tener molestias digestivas.
El mecanismo de la sensación de saciedad es complejo e implica aspectos neurofisiológicos y hormonales, entre otros, regulados por el centro de la saciedad, que está en el hipotálamo. Pero lo importante es saber que tarda de 20 a 25 minutos en llegar. Por ello, una comida debe durar por lo menos 30 minutos. Y es conveniente, además, esperar un poco entre plato y plato.
Por lo anterior, hay que tener muy claro que comer demasiado rápido puede ser una causa de obesidad o sobrepeso. Y por esa razón, hay que intentar evitarlo por todos los medios.
Las causas de comer rápido pueden ser muchas: tal vez lo hagamos de forma inconsciente, o en realidad tenemos poco tiempo, o quizá nos organizamos mal o dedicamos a otras cosas el tiempo disponible para comer: preparar la comida, descansar, ir al gimnasio...
En el experimento llevado a cabo por Alexander Kokkinos y sus colegas del Hospital General de Laiko, una serie de individuos tomaron cantidades idénticas (300 mililitros) de un mismo helado a diferentes velocidades. Los científicos tomaron después muestras de sangre de todos los participantes en la prueba, descubriendo que quienes habían comido más despacio presentaban concentraciones más altas de reductores intestinales del apetito. En concreto, cuando se ingería el helado en treinta minutos en vez de en cinco, las concentraciones de los péptidos intestinales GLP1 y PYY era mayor, razón por la cual la sensación de saciedad se presentaba antes.
Según los investigadores, estos resultados ayudan a explicar cómo el estilo de vida actual, con su ritmo acelerado, podría estar influyendo en el exceso de comida que consumimos.

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